“¿Podría una persona normal llegar a torturar o asesinar a alguien sólo por obedecer órdenes o tendríamos que llegar a la conclusión de que se trata de un perturbado? Cuando un psicólogo llamado Milgram trató de responder a esta pregunta, él mismo quedó sorprendido ante los resultados”.
El experimento de Milgram consistió en elegir a un serie de hombres al azar entre 25 y 50 años, y citarlos en los laboratorios de la universidad de Yale para participar en un experimento cientifico sobre la memoria y el aprendizaje.
Al llegar al laboratorio, los participantes se encuentran con otro “supuesto” participante elegido al azar, y el experimentador.
Allí sortean quien hará de maestro y quien de alumno. Ese sorteo, por supuesto está amañado, y siempre el participante es el maestro, y el otro (que participa en el experimento) hace de alumno.
La tarea del maestro consistía en leer pares de palabras al alumno y luego éste debería ser capaz de recordar la segunda palabra del par después de que el maestro le dijese la primera. Si fallaba, el maestro tendría que darle una descarga eléctrica como una forma de reforzar el aprendizaje.
Una vez hecho el sorteo, al alumno lo atan en una especie de silla eléctrica que se encuentra en la habitación de al lado.
Al “maestro” le dan una máquina que contiene 30 botones, cada uno con una descarga electrica mayor, que va progresivamente de 15 en 15 voltios. El último, de 450 voltios es de serio peligro para la vida del alumno.
Cada vez que el alumno falle, el maestro deberá darle una descarga e irla aumentando a cada fallo.
Cuando comienza el experimento, los alumnos no paran de fallar. Los primero fallos se castigaban con descargas leves, pero la cosa se complica cuando se empieza a llegar a los 120 voltios.
Con 120 voltios el alumno empieza a quejarse del dolor de las descargas, con 150 se niega a continuar, con 180 grita desesperado de dolor, a los 270 su grito es de agonía, y a partir de los 300 ya casi no puede hablar.
Los participantes, se empezaban a poner nerviosos, algunos pedían al experimentador que le dajase abandonar, pero el experimentador siempre les decía: “el experimento requiere que continúe”,”es esencial que continúe”, o finalmente “no tiene elección, debe continuar”. Si despues de estas órdenes se sigue negando el experimento se suspende.
Por supuesto, el alumno no recibía descarga alguna, lo que se escuchaba era una grabación. Pero esto, el maestro no lo sabía.
El resultado del experimento fue que el 62,5 % llegó hasta los 450 voltios, aunque a partir de los 300 ya el alumno casi ni siquiera podía hablar.